Proa hacia La Nueva Barquita: Senasa

Publicado 25-07-2017

La inversión gubernamentalmultimillonaria en proyectos de gran envergadura para sacar de la indigencia a comunidades como La Barquita, Santo Domingo Norte, una vez pasa el relumbrón de las inauguraciones, induce a quienes tienen sentido común a dudar sobre su sostenibilidad a largo plazo.Tres postes de alto riesgo esperan: alta complejidad y falta de garantía de recursos e irresponsabilidad política cuando los años pasen y asome el olvido acerca de su existencia.

Hace poco más de un año, el Gobierno inauguró en el sector La Javilla, del sector Sabana Perdida, 112 edificios y 108 locales comerciales, para 1,787 familias que sobrevivían en la ribera oriental del caudaloso río Ozama, en “casitas de cartón”, a expensa de riadas súbitas y alimañas. El proyecto cuenta canchas, iglesias, parques, dispensario médico, multiuso, anfiteatro, liceo, anfiteatro, jardines. Una ciudad urbana construida con la participación de los habitantes.

Por los discursos y las acciones ejecutadas hasta ahora, las autoridades van bien. Según han expresado, la monumental obra es viable si va acompañada de un enfoque integral.

Los beneficiarios necesitan entender el desarraigo de su vecindad y sus amores viejos con un río hediondo donde los peces compiten con los excrementos, y la nueva vida de edificios de cuatro pisos y normas de condominio. Y eso pasa por un indispensable proceso de información y comunicación como eje transversal permanente de las demás acciones.

El desafío oficial posmudanza es más grande que los 4 mil millones de pesos invertidos en infraestructuras. Ni éste, ni los demás gobiernos, deberían perderlo de vista, si no desean un estrepitoso derrumbe de lo hecho hasta este momento. El fantasma del icónico fracaso arquitectónico Pruitt-Igoe, que buscaba realojar a depauperados de San Luís, Missouri (1941-1974), aún ronda por el mundo de la arquitectura.

UNA VISITA AGRADABLE

A distancia, La Nueva Barquita luce imponente. Pero, más cerca, las heridas de la exclusión social están a flor de piel de mujeres y hombres, adultos mayores, jóvenes, niños y niñas. Se revelan en el estados de la salud, la educación, los empleos… Curarlas enfermedades de la miseria, pagar esa deuda social acumulada, implicamucho tiempo y voluntad de hierro sostenida.

Por eso ha sido oportuna la reciente intervención allí del personal del Seguro Nacional de Salud (Senasa).

La inclusión de la comunidad al seguro estatal ha sido la gran noticia, pues representa la decisión oficial de colaborar para la solución de sus problemas de salud, y la prevención de otros.

Las buenas obras, como La Nueva Barquita, hay que apoyarlas con la esperanza de que el Gobierno las replique en cada rincón del país, comenzando por provincias de la frontera como Pedernales.

Fuente: 7 días