En la Nueva Barquita ahora se vive sin temor a las lluvias

Publicado 08-09-2017

Familias relataron que en esta oportundiad durmieron tranquilos a pesar de la amenaza de Irma

En la Nueva Barquita, ayer muchos de sus residentes contaban “airosos y plácidos” las vicisitudes dejadas atrás cada vez que venía un huracán de menor o igual categoría que Irma.

La mayoría de las familias estaba serena, durmiendo en sus apartamentos hasta el mediodía y los niños jugando en las calles del complejo habitacional, dotado servicios que nunca antes habían disfrutado.

“Recuerdo cuando teníamos que poner los palitos con tiritas rojas en el río Ozama para identificar el nivel de las aguas en nuestras casas con las inundaciones en la Vieja Barquita Este”, rememoró Eridania del Rosario, presidenta de la junta de vecinos.

Hoy solo le queda el sinsabor de cuatro familias que permanecen en el antiguo lugar, censadas, y que el Gobierno dejó porque supuestamente no afrontan riesgos.

Al igual que Rosario, Elvira Morillo Medina y su esposo, quienes permanecieron por 17 años en la Vieja Barquita Este, se han olvidado de los malos momentos que allí padecían.

“Cuando oigo que viene un huracán no le doy mente a eso, sí me da pena por los que se quedaron y los que están mal. Me acuerdo que allá pasamos el Noel y Olga. Todo lo que teníamos el río nos lo echó a perder, pudiéramos vivir mejor”, dice ella, entre carcajadas, al lado de su esposo Salvador Medina Encarnación.

Recuerda alertas

Medina tiene fresco en su mente los avisos que a través de un “fututo” o altoparlante les hacían a la gente para que salieran del lugar porque el río se metería.

“Cogímos mucha lucha, ya no le doy mente cuando dicen que viene un ciclón batatero”, puntualizó. Ambos tienen cinco hijos e hicieron vida por 17 años en ese lugar. Agradecen a Dios y al presidente Danilo Medina que les permitió ese cambio de vida.

Contraste

Cindy Altagracia Pinales junto a su esposo y cuatro niños, en la calle Respaldo Valera de la Barquita de Sabana Perdida, censados por la Unidad Ejecutora para la Readecuación de la Barquita y Entornos, ayer sentía una sensación de impotencia y temor.

“Desde que llueve estamos angustiados por temor a que nuestras casas colapsen, porque estamos sobre un relleno y es en peligro”, dijo Cindy.

Mostró las perforaciones de su maltratado techo de zinc y las deplorables condiciones de su casucha, donde se divisan las aguas de los ríos Ozama e Isabela, y aseguran que están invadidos de ratas y otras plagas.

Fuente: El Día